1.

Solo uso este blog para archivar info que me interesa, solo para eso.

domingo, 27 de junio de 2010

Mas parejas eligen que las case un amigo o un familiar

Buenas tardes a todos. Para quienes no me conocen, soy Alejandro, o el Cholo, hermano de Juan, y voy a oficiar el matrimonio de las que seguramente son las personas más queribles que hayan conocido: Manu y Juan”. Los 280 invitados entendieron de qué se trataba: no iba a ser un casamiento formal. No había ni un sacerdote ni un rabino ni un Juez de Paz que representara al Estado. De un lado del altar, estaban los novios; del otro, como presidente de la ceremonia, el hermano de Juan. El caso, con final feliz, no es un hecho aislado. Cada vez más parejas les piden a parientes o amigos que presidan sus ceremonias de boda. Eligen jurarse amor frente a los seres queridos –con fiesta, ramo, vestido, todo completo–, descartan lo religioso y relegan a un segundo plano el paso por el civil.




El fenómeno, respaldado por datos del Arzobispado de Buenos Aires que señalan que en la última década los casamientos por iglesia bajaron un 30%, se expande tan rápido que hasta fue identificado por investigadores del Conicet. “Existe una tendencia de la clase media a personalizar su casamiento. En esos casos se enfatiza la libre elección y el no estar atado a mandatos sociales. No lo asociaría a una pérdida de creencias porque se sigue contemplando simbólicamente el ritual de la ceremonia”, dice a Clarín , César Ceriani Cernadas, antropólogo del organismo y especialista en religión.



Fortunato Mallimaci, director del área de Sociedad, Cultura y Religión del mismo ente, agrega: “La gente se casa a su manera. Toma distancia de las instituciones pero le pide a su grupo que brinde la unión”.



Juan Frenkel y Manuela Soriano, la pareja del comienzo de esta nota, se casaron el 13 de marzo de 2010. Los dos tienen 30 años: “Elegimos hacerlo de esta manera porque ninguno es religioso. Mi apellido es judío, pero no soy practicante, y Manu es de familia cristiana, pero tampoco es religiosa. Nunca nos imaginamos que nuestro casamiento iba a ser tan perfecto”, dice Juan.



Algo similar vivieron Santiago Claus y Ludmila Ruiz Díaz. En el caso de ellos, una periodista especializada en bodas guió a los amigos de la pareja, que fueron aportando lo suyo para convertirlos en marido y mujer. “Ninguno de los dos quería una ceremonia religiosa”, asegura Claus.



Otro ejemplo, que podría ser citado como un caso de pioneros, está encarnado por un hombre conocido. Al productor sojero Gustavo Grobocopatel y a su esposa, Paula Marra, hace veinte años, los casó un abuelo porque se trataba de una pareja de religión mixta. De esa forma, todo era más sencillo y familiar. La experiencia se replica hoy en día pero de manera más frecuente, frente a la baja general de los matrimonios religosos.



Bárbara Diez, una wedding planner top, está convencida de eso: “El hábito creció mucho en los últimos años. Las razones son múltiples: hay también muchas parejas divorciadas que no pueden volver a casarse por iglesia. Pero priman los no religiosos”, dice.



Cuarenta minutos después de haber empezado a casar a su hermano, Alejandro concluyó: “Por la autoridad que me conceden, los declaro Marido y Mujer. Juan, podés besar a la novia. Todos los presentes recuerden que tienen que firmar el libro de Familia. Los novios se van ahora a comer unos sandwichitos, los pueden ir a felicitar ahí”.

http://www.clarin.com/sociedad/tendencias/parejas-eligen-case-amigo-familiar_0_287971356.html

Gustavo Grobocopatel y Paula Marra


A Paula Marra y al productor agropecuario Gustavo Grobocopatel los casó hace 20 años José, el abuelo de Paula. “Dio un discurso corto sin mencionar la palabra Dios. Los invitados lloraron de emoción. Lo elegimos a él porque era el mayor del clan. Gustavo es de familia judía y la mía es católica”, dice Paula.





Cuando le contaron a José, de 85 años, se emocionó tanto que decidió grabar y escribir el discurso para que la pareja se lo guardara de recuerdo. “La idea fue de Gustavo y era obvio que José era el indicado para casarnos. Fueron muy emocionantes sus palabras. Los invitados estaban felices, fue un casamiento hermoso”, dice Paula. La fiesta duró todo el día. La hicieron en el campo y comieron una vaquillona con cuero. Gustavo llevó un piano de cola y le cantó una canción a su esposa. José no sabía que años más tarde su conducta sería una moda.

http://www.clarin.com/sociedad/tendencias/abuelo-pionero-moda_0_287971432.html

La falta de anestesiólogos ya mató a dos bebés en la ciudad.

En la 9 de julio empezaban a desmontar los escenarios por los festejos del Bicentenario y en el predio de la AFA en Ezeiza los jugadores se ponían trajes color plata para la foto oficial de la selección de fútbol. A las 11.20 del miércoles 26 de mayo, Nora Mejía Orellana, de 19 años, ingresaba al hospital Penna con dolores en la panza que le indicaban que su hija estaba por nacer. La situación era grave, ya que estaba atravesando la semana 29 del embarazo y sufría hemorragias. Pero lo que ocurrió después no tuvo nada que ver con el azar: la beba estaba mal ubicaba, había que ordenar una cesárea, pero como no había anestesiólogo debieron demorarla hasta forzar un parto natural que terminó matando a la beba. Así es: por falta de anestesiólogo, la hija de Nora nació muerta.






La de esa beba es la segunda muerte en poco más de dos años por el mismo motivo en los hospitales porteños. Ya había ocurrido algo similar en el Santojanni en 2008. Y podría volver a ocurrir, según alertan los médicos, ya que hacen falta “unos setenta” anestesiólogos -lo admite el gobierno- y las guardias en los hospitales están, muchas veces, imposibilitadas de operar. Partos y emergencias quedan librados a una compleja sincronización… y a la suerte.





Clarín reconstruyó los dos casos con los expedientes judiciales y administrativos que investigan las muertes. De allí surgen los testimonios de médicos y víctimas (Ver Testimonios...), además de las pruebas documentales. El drama de la beba de Nora se presenta, con claridad, en su historia clínica. Allí figura su ingreso a las 11.20, luego los primeros estudios, el problema de la hemorragia, y un aviso del SAME de que no iban a poder acercar ningún especialista hasta después de las 14 horas. El SAME suele ir de hospital en hospital haciendo de “remise” para trasladar anestesiólogos. Pero claro, los tiempos médicos son voraces. A las 14.30, ya no se podía esperar más y el médico escribió en su informe: “Se decide parto vaginal por falta de anestesista. Paciente pasa a sala de partos”. 15 minutos después, la beba nacía muerta.





“Nora y Rogel (su marido) quedaron muy mal y se fueron a Cochabamba”, cuenta a Clarín Jorge, amigo y vecino de ellos en La Matanza. Los papás de la beba son bolivianos. Y volvieron a su tierra.





¿Fue una desgracia la de Nora? En todo caso, fue algo que se sabía que podía ocurrir. “Estamos sin anestesiólogos en las guardias desde hace tiempo. Y esto es un peligro para los pacientes y también pone en serios problemas a los médicos”, se queja Jorge Giraldi, presidente de la Asociación de Médicos Municipales. Giraldi habló con Clarín en el hospital Piñeiro. El pedido para fotografiarlo se transformó de inmediato en una junta de protesta: otros siete médicos se le plegaron enseguida.





El gobierno porteño admite el problema, aunque jura estar trabajando para solucionarlo. En realidad, en 2008 se declaró la emergencia hospitalaria por este tema. Pero si ha cambiado en algo, no ha sido lo suficiente. Los médicos, que antes se quejaban en voz baja, han decidido romper el silencio y están acudiendo a la justicia. Denuncian a las autoridades de la ciudad (el Ministro de Salud es Jorge Lemus) por incumplimiento de los deberes del funcionario. La crisis ha estallado.





“Esto no se puede solucionar de un día para el otro. En los últimos dos años nombramos 169 anestiólogos y pensamos sumar más hacia fin de año”, dice Néstor Pérez Baliño, Jefe de gabinete del Ministerio de Salud porteño. Esa información es, sin embargo, relativizada por la Asociación de Anestesiólogos. Según su vicepresidente, Marcelo Campos, hubo nombramientos en 2007 que demoraron 15 meses en hacerse efectivos y otros en 2009 que tuvieron una demora de once meses. “Con semejantes tiempos, muchos de los designados no llegaron a ingresar a la Ciudad porque ya tenían otro trabajo”.





El sistema de salud de la Ciudad, que cuenta con 33 hospitales, precisa para funcionar con normalidad de unos 300 anestesiólogos, contando a los que hacen las operaciones de planta y a los de emergencia. Según Pérez Baliño, “faltan unos 70 nombramientos” para estar en óptimas condiciones. Según la Asociación de Médicos de la Ciudad, donde se agrupan los 35 mil profesionales, faltan aún más: “El domingo 23 de mayo de 2010 faltaron anestesiólogos en siete hospitales”, dice Giraldi.





Veamos lo que ocurrió esta última semana. Las guardias de los hospitales empiezan a las dos de la tarde y duran hasta las ocho de la mañana siguiente. Este jueves, durante ese turno no hubo anestesiólogo en el hospital Penna. El miércoles, tampoco hubo en el Tornú ni en el Penna, según denuncias de los jefes de guardia a las que accedió Clarín. Y en la mayoría de los casos, hubo sólo uno donde debería haber dos o tres. En la madrugada del sábado, por ejemplo, sólo había uno en el hospital Fernández, acostumbrado a absorber buena parte de los accidentes de tránsito de la Ciudad.





De acuerdo a disposiciones del Ministerio de Salud, cuando una emergencia precisa de un anestesiólogo el SAME debe ir a buscarlo a otro hospital donde haya uno desocupado. El problema es que no es ni sencillo ni rápido. Nora, por ejemplo, no pudo esperar. Tampoco la hija de Marcela Suárez, que debió haber nacido en el hospital Santojanni la madrugada del 8 de febrero de 2008. En el expediente donde se investigó esa muerte, está registrado que ella había sido internada la noche anterior y que cuando, a las 5.30 de la mañana, se despertó con dolores fuertes, el hospital no contaba con anestesiólogo. Se decidió hacer un cesárea urgente, pero la urgencia debió esperar... hasta las 7.24 hs. El SAME tuvo que ir a buscar al anestesista del hospital Tornú y eso demoró la operación casi dos horas: la beba nació asfixiada por el cordón umbilical.





¿Es nuevo este problema? En absoluto. Según Pérez Baliño, en enero de 2008, un mes después de asumir Mauricio Macri en la Ciudad, los hospitales “tenían un déficit de anestesiólogos del 50 por ciento”. Cierto o exagerado, todos los actores de la salud reconocen que la falta de anestesiólogos es vieja y además es federal: en todas la provincias ocurre. ¿Por qué, entonces, trasciende ahora? El desencadenante de la crisis fue un inesperado fallo judicial. El 3 de mayo pasado, la Cámara del Crimen de la Capital decidió procesar a los médicos que estaban a cargo de Marcela, la madre que perdió a su bebé en el Santojanni. Los procesó por “homicidio culposo” y la medida alcanzó al director del hospital. A partir de ese momento, hasta los directores de los hopistales se unieron en el reclamo. Las demandas son, ahora, cotidianas. Un ejemplo: el 16 de junio, se presentó en la Fiscalía de Instrucción 12, la jefa del Departamento materno infantil del Penna, Graciela Breccia. Sostuvo que “el hospital tiene 9 anestesiólos para los 7 días de guardia, cuando debería tener 14”, y que también faltan anestesiólogos de planta, por lo que hay “una lista de espera quirúrgica de 80 pacientes”.





Hay dos maneras de ver los motivos de la crisis. En el gobierno apuntan a un “problema estructural”, ya que dicen que hay pocos anestesiólogos y que no se los puede nombrar de un día para el otro. Para los anestesiólogos, en cambio, “el problema es la falta de decisión administrativa”.





Los anestesiólogos que trabajan en la Ciudad están aglutinados en la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (Aaarba). El diario Perfíl informó el sábado 19 de junio que la Comisión de Defensa de la Competencia denunció a esa agrupación por posición monopólica y dominante. Según la denuncia, Aaarba “restringe intencionalmente la cantidad de profesionales”. La llave que manejan es que dicta los cursos que luego habilita para ejercer la profesión. Dando pocos cupos, evitan que se sature el mercado y así logran que los anestesiólogos se coticen.





Consultado por Clarín, el vicepresidente de la Asociación argumentó que en el país hay 1.800 anestesiólogos, que la cantidad es suficiente y que el problema es del gobierno. “Hay 15 anestesiólogos de la Ciudad que no cobran hace un año”, se quejó Campos.





Ahí entra la puja económica. La Ciudad les paga a los anestesiólogos 1.150 pesos el turno de guardia, mientras que ellos pretenden cobrar 2.500. Es mucha plata, pero los anestesiólogos cobran todavía más en el sector privado. Por eso no es sencillo que acepten trabajar para los hospitales de la Ciudad.



Y también hay un problema burocrático, bien de fondo. Desde que se inicia el llamado a un concurso hasta que el anestesiólogo asume su cargo en el hospital, se precisan de 22 a 24 pasos administrativos, lo que tarda meses, según acuerdan todos los actores del sistema. “La burocracia es un problema y estamos aceitando los trámites”, admite Pérez Baliño. Es que esa demora conspira contra los nombramientos. Y si siguen faltando anestesiólogos, las demoras serán otras, serán letales.

http://www.clarin.com/zona/falta-anestesiologos-mato-bebes-Ciudad_0_287971427.html

sábado, 26 de junio de 2010

Cuando el bronceado se vuelve adictivo

Millones de personas buscan constantemente los rayos del sol o el tonificado en camas solares, pero descuidan los efectos nocivos en la salud que significa una prolongada exposición a la radiación ultravioleta

.FOTO




Las prolongadas exposiciones al sol son muy perjuidiciales para la salud ya que originan cáncer de piel

Foto: Archivo

NUEVA YORK (The New York Times).- Para muchos, el verano significa más tiempo al aire libre y menos tiempo perdido poniéndose y quitándose múltiples capas de ropa. Eso, a su vez, equivale a más tiempo y tejido expuesto a la mayor causa por sí sola de daño a la piel y cáncer: la radiación ultravioleta.



A pesar de un floreciente mercado de protectores solares y, en menor medida, ropa que protege del sol, así como una campaña de médicos dermatólogos que se remonta a 1983, millones siguen abusando de los rayos que, en pequeñas dosis, contribuyen a mantener la salud pero, en dosis mayores, pueden destruirla. Y no sólo cuando resplandece el sol veraniego. Para alguien que frecuenta salones de bronceado o es dueño de camas de bronceado, la veneración al sol es una actividad de 365 días al año.



Los dermatólogos, cuyos ingresos se han apuntalado por las consecuencias del abuso de los rayos UV, expresan no obstante gran frustración ante lo que, al parecer, es su incapacidad para disuadir la conducta enfocada al bronceado, particularmente entre adolescentes y adultos jóvenes, quienes enfrentan el mayor riesgo de sufrir los efectos nocivos a raíz de estos rayos que, por lo demás, dan la vida.



Existen muchas explicaciones para este fracaso, incluida la creencia generalizada en el sentido que la gente se ve mejor (léase más saludable y quizá, más delgada) cuando está bronceada. Esta noción ha contribuido a fomentar la industria multimillonaria del bronceado en espacios interiores, respaldada por algunos jóvenes clientes incluso hasta 20 veces al mes.



Pero, en años recientes, ha surgido otra explicación para la cual no existe actualmente respaldo considerable en términos científicos: la teoría en el sentido que la exposición de la propia piel a la radiación UV tiene potencial adictivo.



Al igual que el alcohol, no todos los que se exponen terminan como dependientes del sol. Sin embargo, hay suficientes personas que abusan de los rayos ultravioleta -no de cada cinco estudiantes universitarios, quizá la mitad de los visitantes habituales a la playa y 70% de quienes se broncean en interiores, con base en diversos estudios- para garantizar una nueva categoría de diagnóstico: adicción al bronceado.



Cuando el doctor Richard F. Wagner Jr., dermatólogo en la Facultad de Medicina de la Universidad de Texas en Galveston, informó hace cinco años que casi la mitad de los concurrentes a la playa cubrían la definición psiquiátrica de un desorden de abuso de sustancias, recibió un mensaje de correo electrónico de un hombre en Canadá que se describió como "un ejemplo exacto de su estudio". El hombre dijo que había viajado por todo el mundo para mantener su bronceado, y aunque sabía que podría enfermar de cáncer a causa de hacerlo, no podía parar.



En un nuevo informe en la Revista de la Fundación de Cáncer de Piel, el Dr. Robin L. Hornung y Solmaz Poorsattar de la Universidad de Washington en Seattle, escribieron que la "persistente exposición, a sabiendas, a un agente del que se sabe que provoca cáncer, deja entrever que hay otros factores impulsando a los individuos a broncearse, aparte de la falta de conocimiento".



Si bien muchos dicen que una apariencia bronceada es su mejor motivación para darse baños de sol y acostarse en camas de bronceado, "quienes se broncean también informan de una mejoría del humor, relajamiento y socialización" como sus razones, escribieron los autores.



Así que la incidencia de cánceres de la piel, incluido el melanoma, potencialmente fatal, sigue en aumento. Este año, sólo en la población estadounidense se diagnosticarán 3.5 millones de nuevos casos de cánceres superficiales en la piel, pero frecuentemente desfiguradores, así como aproximadamente 68,720 melanomas.



Mucha gente cree que estar bronceados los protege al contribuir a bloquear los efectos nocivos de la radiación UV. De hecho, estar bronceado (se abren cursivas) representa (se cierran cursivas) el daño a la piel. Incluso una breve exposición a la luz ultravioleta puede ocasionar mutaciones en el ADN de las células de la piel, incluidos los melanocitos, las células que albergan al melanoma. Si se acumulan suficientes mutaciones, el resultado puede ser cáncer.



``A medida que envejecemos, el número de mutaciones aumenta y nuestra inmunidad mengua´´, explicó Wagner; una combinación que incrementa considerablemente las probabilidades de sufrir cáncer en la piel.



Incluso quienes logren huir del cáncer experimentarán con el tiempo los desgastantes efectos de broncearse repetidamente: piel floja, arrugada y similar a la textura del cuero, lo cual puede ocasionar que la gente parezca décadas más vieja de lo que realmente es. Mi abuela materna, quien vivía a una calle de la playa en Brooklyn y nadaba a diario en los años previos a los protectores solares, tenía lo que conocemos como ``piel de elefante´´ cuando rondaba por los 50 años. Sin embargo, mi tía Gert, de 90 años, la cual vive en la cercanía y pasa los inviernos en Florida pero nunca salió a la playa o tomó el sol, tiene la piel de una mujer de 60 años de edad.



Dos tipos de dependencia. Para resumir la creciente evidencia del potencial adictivo de la radiación UV, Hornung dijo en una entrevista que las personas con frecuentes bronceados mostraban señales de dependencia tanto fisiológica como psicológica.



Al igual que con el tabaquismo y las bebidas alcohólicas en exceso, lo cual se practica a menudo a pesar del peligro que implica", dijo, todo parece ser que los esfuerzos por reducir el abuso de los UV mediante la educación sobre sus peligros caen en oídos sordos. Claramente, algo más está impulsando la conducta, y para algunas personas ese algo se parece a una adicción.



En el estudio de Wagner, conducido con la doctora Molly M. Warthan y Tatsuo Uchida, se administraron dos pruebas de abusos de sustancias a 145 personas que tomaban baños de sol en la playa de Galveston Island. Una es una versión modificada de la prueba que emplea con frecuencia para acabar con la adicción al alcohol.



Se llama CAGE, por su acrónimo en inglés de cuatro preguntas: ¿Alguna vez ha sentido la necesidad de (se abren cursivas) reducir (se cierran cursivas) sus sesiones de bronceado? ¿Se ha (se abren cursivas) molestado (se cierran cursivas) ante comentarios de personas que critican su bronceado? ¿Alguna vez se ha sentido (se abren cursivas) culpable (se cierran cursivas) por el bronceado? ¿Alguna vez ha sentido que le hacía falta broncearse a primera hora de la mañana; como algo que le abre los ojos?



Los autores, quienes publicaron su informe en 2005 en los Archivos de Dermatología, encontraron que 26% de las personas que frecuentan la playa reunían los elementos del criterio CAGE sobre la adicción. Y en una segunda prueba, una versión modificada de los criterios oficiales de la profesión psiquiátrica para detectar el desorden de abusos de sustancias, 53% de los participantes obtuvo resultados positivos.



``Los individuos que se exponen crónica y repetitivamente a la luz ultravioleta para broncearse pudieran tener un nuevo tipo de desorden con sustancias relacionado con la luz ultravioleta´´, concluía el informe. Probablemente, la liberación de endorfinas que producen placer en el cerebro de individuos que abusan de los UV es el estimulo en la adicción al bronceado, sugieren algunos estudios.



La investigación del doctor Steven R. Feldman y colegas en el Centro Médico Bautista de la Universidad Wake Forest demostró que quienes acuden frecuentemente a salones de bronceado experimentaron síntomas como los de la abstinencia cuando les administraron el fármaco naltrexona, que bloquea los efectos placenteros de narcóticos. Quienes se broncean con frecuencia, más no los patrones de bronceado ocasional, informaron de síntomas como nausea y nerviosismo cuando la naltrexona bloqueó sus endorfinas.



Los dermatólogos favorecen de manera uniforme estrictas normas sobre los salones de bronceado, particularmente una prohibición de clientes menores de edad. Hornung también promueve que se empiece a enseñarles a los niños, a temprana edad, que siempre usen protector solar y que eviten la exposición excesiva al sol, aun cuando se lo hayan aplicado, pues incluso los mejores protectores solares no pueden impedir plenamente el daño del sol.



Justamente de la forma en que las leyes de control de menores* fomentó el uso rutinario del cinturón de seguridad en niños mayores y adultos, los buenos hábitos con respecto a al sol, si se enseñan en la infancia temprana, podrían continuar a lo largo de toda una vida; y una vida más larga.



Jane Brody

The New York Times

Adictos al sol

Están en la mira de los científicos: nuevos estudios equiparan su obsesión con la adicción a las drogas o el alcohol. De cómo la vida en una –Dame uno de éstos, querida… ¿Cuánto sale?




La empleada dice el precio y, sin mirar a la mujer, le entrega el sachet. Sabe perfectamente que ella pagará. Y esto, cueste lo que cueste, porque el pequeño pomito encierra una fórmula mágica, inevitablemente vendedora: "Acelerador del bronceado… Este producto aumenta la velocidad de la pigmentación inducida por los rayos ultravioletas y permite un color parejo en menos tiempo…"



Existen pruebas irrefutables de que en más del 90% de los casos el melanoma cutáneo, la forma más agresiva del cáncer de piel, está causado por una acumulación progresiva de radiación ultravioleta (la que emiten el sol y las camas solares). Y por si esto fuera poco, las mismas radiaciones originan además envejecimiento cutáneo prematuro, daños irreparables a la visión y exacerbación de algunas enfermedades, como las alergias y las infecciones, especialmente las de origen viral.



¿Y cómo puede ser que pese a estos riesgos haya más y más gente que toma sol (o concurre a las camas solares), haciendo caso omiso de toda clase de advertencias?



La respuesta se llama adicción.



El doctor Richard Wagner, dermatólogo de la Universidad de Texas Medical Branch, EE.UU., publicó en septiembre último un artículo en la revista científica Archives of Dermatology en el que concluye que existen personas "adictas" al bronceado, que no pueden dejar de tomar sol y que persisten en su hábito aunque hayan tenido lesiones malignas causadas por esa conducta.



"Les pasa lo mismo que a los alcohólicos y a los drogadictos", explicó a la Revista en comunicación telefónica el doctor Wagner, desde Texas.



En tanto, y mucho más cerca de aquí, la mujer juega con el acelerador del bronceado mientras espera con ansiedad que se desocupe alguna de las camas solares de máxima radiación. Hoy, como le ocurre tres veces por semana, se dará el gran gusto de su vida. Y a pesar de que luce una silueta envidiable y unos zapatos rosa, casi magenta, que la vuelven todavía más juvenil, su pasión ya dejó huellas: debe de tener poco más de 50 años, pero las radiaciones se han cobrado su precio y aparenta 10 o 15 más.



"¿Miedo al cáncer de piel? ¡Pero, por favor!, más miedo le tengo a la gente –dice, muy molesta con la pregunta–. Tampoco habría que salir a tomar café, porque en las confiterías no lavan bien las tazas… Si uno se tiene que agarrar algo, se lo agarra."



La cama solar de máxima radiación se ha desocupado, y la señora no demora un instante en tenderse sobre ella y recibir la energía que, asegura, tanto necesita.



"Sencillamente, dijeron que no podían parar", añade el doctor Richard Wagner, y explica que para corroborar su hipótesis él y un equipo de investigadores entrevistaron a 145 personas que tomaban sol y utilizaron cuestionarios validados para identificar a personas dependientes de las drogas y el alcohol. "Registramos más casos entre mujeres especialmente jóvenes, menores de 35 –relata Wagner–. Por un lado, la adicción se vincularía con la cascada de sustancias que el sol libera, principalmente las endorfinas, asociadas al placer y el bienestar. Pero también existen mecanismos sociales y culturales que podrían explicarla."



Me gusta, ¿y qué?

Marina, de 43, dice que para ella tomar sol es "una hora para mí".



"No lo hago por estética –asegura–, sino por placer. Me gusta verme bronceada. Tomo sol desde noviembre. Ni se me ocurre que podría enfermarme".



María Emilia, de 24 años y bellísimos ojos celestes, admite sin tapujos desde la terraza de su casa, en Almagro: "Sí, si ésa es la palabra, entonces soy adicta. Disfruto muchísimo tomando sol. Sé que existen riesgos, pero apenas empiezan los días lindos lo primero que pienso cuando me despierto es en ir a tomar sol. Me encanta verme bronceada".



María Emilia, al menos, limita lo que ella llama "adicción" a los meses del año en que las radiaciones solares están más fuertes. Pero hay otras personas que no soportan estar "blancas" ni siquiera en pleno invierno. Entonces recurren a la cama solar.



"Vengo tres veces por semana. Trabajo muchas horas y me veo obligada a tomar cama solar. ¿Obligada? Sí, porque necesito verme bronceada todo el año, y de esta forma soluciono en un rato lo que me llevaría mucho más tiempo", explica María, empleada, de 30 años, que admite que más de una vez ocultó que iba a la cama solar "para evitar que me reten".



–¿Y qué harías si advertís que tanta cama solar te envejece?



–Dejaría de tomar en la cara y seguiría con el resto del cuerpo.



–¿Nunca pensaste en el cáncer?



–Trato de mentalizar que no.



–Y si lo tuvieras, ¿dejarías?



–Sólo con un diagnóstico bien fundado.



–Y si fueras mamá, ¿le harías tomar sol a tu bebé?



–No. No lo expondría para nada.



Vaya a saber por qué, aun los más fanáticos reconocen que su hábito es perjudicial y, por eso, cuando les llega el momento de cuidar a sus hijos ponen en marcha medidas prudentes, las mismas que no son –o no han sido– capaces de aplicar sobre ellos mismos.



Esto fue lo que le ocurrió a Mariela, de 34, que en junio de este año tuvo a Joaquín, un bebote que disfruta del parque en la casita en Cardales, donde vive con su mamá y su papá, Eduardo, pero únicamente antes de las diez de la mañana y después de las cuatro de la tarde, siempre totalmente cubierto con el factor de protección para bebés más poderoso del mercado.



"Toda mi vida tomé mucho sol y cama solar –reconoce Mariela–. Es la mejor opción para verte bien cuando no te gusta pintarte mucho. Es pleno invierno, te vas a la cama solar un rato y si tenés piel más o menos trigueña salís como si hubieras tomado sol todo un verano. Pero este año el dermatólogo me habló y tomé conciencia. Me dijo que de nada valen las prohibiciones porque estar al sol y disfrutarlo es mi estilo de vida. Pero cambié algunas cosas. Uso protector solar, que antes nunca usaba, y al nene no lo expongo. En absoluto."



Daniel, licenciado en educación física, tiene 38 años y se confiesa un fanático del sol. "Trabajo mucho en fitness y en eso hay que tratar de mantener una imagen, tanto corporal como de piel –explica–. En invierno uso cama solar y en verano, sol natural. Pero me cuido. Quiero tomar color, tengo una buena pigmentación. Soy fana del sol, de estar bien, de estar con color en la piel, pero no un obsesivo absoluto. Si me dijeras que la obsesión por estar bronceado puede volverse una enfermedad, sí, creo que puede ser. Pero no es mi caso. Yo lo tomo como un estilo de vida, y de imagen."



Fácil y rápido

La exposición a la radiación de la cama solar, dicen especialistas de la Sociedad Argentina de Dermatología (SAD), puede ser más riesgosa que la exposición al sol: la intensidad de rayos UVA (ver recuadro) que se recibe en un salón de bronceado es el doble de la que se toma durante el baño de sol, al mediodía, en una playa en verano, ya que debido a que la persona está inmóvil los rayos inciden en forma directa sobre la piel.



Es curioso, pero pese a lo que indican las investigaciones para muchos la cama solar es más "segura" que el sol. Es el caso de Marcelo, de 38 años, empleado de una exportadora de cereales, que dos veces por semana se recuesta durante media hora en estas camillas. "No uso protector ni bronceador, no me pelo, me quemo parejo y me bronceo mucho antes –explica–. Estoy tostado todo el año y cuando me miro al espejo me siento energizado. No es una cuestión para el otro, sino para mí. Sí, también tomo sol cuando puedo, porque me encanta, pero está bastante dañino, así que cuando voy a la playa uso protector. La cama solar son rayos ultravioletas también, pero me parece menos riesgosa, que hace menos mal…"



Todo indica que Marcelo, al igual que muchos otros, está completamente equivocado. "El bronceado seguro no existe. Los rayos que emiten las camas solares son, casi en un 95%, UVA y en un 5%, UVB –explica la doctora María Luisa Gómez, dermatóloga del hospital Posadas y coordinadora de la XII Campaña de Prevención del Cáncer de Piel de la SAD–. Los UVB han sido vinculados con el cáncer de piel y el envejecimiento cutáneo. Pero ahora se sabe que también los UVA inciden en ambos riesgos. Las camas solares son camillas de radiación ultravioleta."



¿A partir de qué número de sesión puede enfermar una cama solar?



"Nadie lo sabe –advierte la doctora Gómez–. Las radiaciones son siempre nocivas y todos podemos desarrollar cáncer de piel."



Y de esto puede dar fe la señora Elsa F., que el año pasado se expuso a dos sesiones de cama solar para ir a una fiesta de casamiento. "Al cabo de unos meses tuve la suerte de que uno de mis hijos, que es médico, vio un lunar que se puso muy feo en mi pecho y me dijo que fuera urgente al dermatólogo –recuerda–. A la semana me lo habían quitado. Era un melanoma. Esta vez tuve suerte, pero quién sabe la próxima."



Para la doctora Gómez, detrás de cada salón de bronceado se oculta un altísimo riesgo. "En la ciudad de Buenos Aires está penalizado el funcionamiento de estos locales sin control médico. Pero las normas no se cumplen, y la cuestión es tierra de nadie."



El doctor Raúl Valdez, jefe de Dermatología del Hospital Universitario Austral, dice que "el abuso de bronceado es más una dependencia social que biológica". El dermatólogo afirma: "Con 15 minutos de exposición tres veces por semana, antes de las 10 de la mañana, alcanza para fijar la vitamina D. Si eso se transforma en tres horas al mediodía estamos en presencia de una conducta excesiva, pero que obedece a exigencias sociales".



Para la doctora María Luisa Gómez, en cambio, la adicción al bronceado tiene un claro componente patológico. "La exposición al sol produce liberación de sustancias que generan placer y bienestar. Pero es incomprensible que una persona, para sentirse bien, tenga su piel ardiendo, ampollada, afiebrada, sin poder dormir, con medicación, con el riesgo de padecer cicatrices visibles de por vida. Tuve una paciente de 27 años con melanoma que, luego de una cirugía, me dijo que dejar de tomar sol era como matarla... La adicción al bronceado existe y demanda ser tratada. Los pacientes tienen una conducta compulsiva y una tendencia a necesitar cada vez una mayor exposición."



Un erizo de púas desplegadas

El melanoma cutáneo, la forma más agresiva de cáncer de piel, representa el 3% de los cánceres cutáneos, y año tras año crece un 5% en todo el mundo.



En la Argentina, las cifras no son mucho más alentadoras. Según la doctora Dora Loria, epidemióloga y directora ejecutiva del Registro Argentino de Melanoma Cutáneo (RAMC), en nuestro país "mueren por esta causa unas 600 personas por año, y se detectan cerca de 1400 casos anualmente, cada vez más entre jóvenes de 20 a 30 años".



El doctor Valdez asegura que si bien la mayor acumulación de radiaciones se produce durante los primeros 18 años, "las exposiciones posteriores refuerzan lo acumulado; por eso es imprescindible protegerse siempre".



Contra todo lo que se cree, el bronceado no es una manifestación de salud. "Estimula la síntesis de melanina, que pigmenta la piel, pero como un signo de defensa ante el daño que provocan las radiaciones sobre ésta –señala la doctora Gómez–. El bronceado es como un erizo con sus púas desplegadas en defensa frente a un agresor."



¿Cómo limitar las conductas arriesgadas? Valdez sugiere que en los solarios haya carteles advirtiendo sobre los riesgos. "Como ocurre con los atados de cigarrillos –dice–. Informar y que la gente decida. No se puede prohibir."



El doctor Richard Wagner sugiere que para combatir la adicción al sol no solamente hay que informar más, sino que también, y una vez reconocido el exceso, podría invitarse a los enfermos a concurrir a un grupo de autoayuda similar al de Alcohólicos Anónimos, que él llama Tanners Anonymous, algo así como adictos al bronceado anónimos.



"La dificultad es que los que toman sol se sienten bien, entonces no quieren cambiar –agrega el médico de Texas–. Cuando existe dependencia a otras sustancias, el adicto tiene dificultades laborales, sociales, familiares. En este caso tenemos un gran inconveniente: el bronceado es muy cool, y no hay aliciente social que motive prudencia…"



Por Gabriela Navarra


Identikit de los ultravioletas


El sol emite tres clases de radiaciones ultravioletas:





Los rayos ultravioletas C (UVC), de 200 y 290 nanómetros (1 nm es la milmillonésima parte del metro) de longitud de onda: son casi totalmente absorbidos por la atmósfera porque su presencia en la Tierra sería incompatible con la vida.

.



Los rayos ultravioletas B (UVB), de 290 a 320 nm de longitud de onda: atraviesan la atmósfera y las nubes, permiten la síntesis de la vitamina D en la piel, su mayor concentración se produce entre las diez de la mañana y las cuatro de la tarde, pueden dañar la córnea y la retina y se los denomina "banda de eritema" porque producen quemadura solar y generan cáncer de piel.

.



Los rayos ultravioletas A (UVA), de 320 a 400 nm de longitud de onda: atraviesan la atmósfera, las nubes y los vidrios, tienen menor energía que los UVB, pero también dañan la piel por su poder de pene-tración; inducen al bronceado y también pueden producir cáncer de piel, además de cataratas oculares.

.

Tierra de nadie

¿Quién regula el funcionamiento de las camas solares, que causan graves problemas de salud? Según parece, ni el Ministerio de Salud y Ambiente de la Nación, ni la Secretaría de Salud del gobierno porteño.



Paula, de la Oficina de Prensa del Ministerio de Salud, le dijo a la Revista que esa repartición "no tiene nada que ver con el tema; es una actividad comercial, desregulada, que se rige como cualquier local comercial". La respuesta llegó luego de varias llamadas realizadas a lo largo de distintos dias para conversar con algún funcionario que explicara qué normativas rigen en los salones de bronceado.



En la Oficina de Prensa de la Secretaría de Salud del Gobierno de la Ciudad, la primera llamada fue respondida por un funcionario que se identifi-có como "doctor Ignacio Vélez, jefe de Gabinete y coordinador general de Prensa y Difusión de la Secretaría de Salud del Gobierno de la Ciudad". Ante la consulta sobre camas solares, dijo que "nos estamos riendo porque pensamos que llamaban por un tema de salud mental. Lo de las camas solares no es tan importante como eso; si no, pregúntenselo a la OMS (por la Organización Mundial de la Salud)." Preguntarle a la OMS no es complicado. En su página web, un comunicado de marzo de 2005 advierte: "La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que el uso de camas solares conlleva un riesgo de cáncer de piel (...). El aumento del uso de camas solares, junto con el deseo y la moda de lucir una piel bronceada son las principales causas del rápido aumento del cáncer de piel."



Desde la Secretaría de Salud porteña, Silvia Belsito le dijo telefónicamente a la Revista que "las camas solares están reguladas por Habilitaciones. Salud está encargada de la prevención de quemaduras, que pueden ser por sol, camas solares u otras causas. Si una persona sufre una quemadura en una cama solar, llama a la ambulancia y va el médico. Estamos para la prevención; no somos inspectores."



¿Cómo protegernos?

Buscar la sombra de un árbol, un techo o una sombrilla.



Usar gorro o sombrero, anteojos para sol y una remera con mangas.



Aplicar abundante protector solar de amplio espectro (UVB y UVA), con un factor de protección 15 como mínimo. Cubrir toda la piel expuesta y renovar cada dos horas o antes si se moja la piel o transpira mucho.



No exponer a los bebés en forma directa o indirecta antes del año de edad.



A partir del año, aun en exposiciones aisladas, usar el factor de máxima protección.



Evitar el sol entre las 10 y las 16.



Las nubes no impiden el paso del sol; la arena, el agua, la nieve y la altura aumentan las radiaciones.



Pequeñas dosis de exposición (15 a 20 minutos) aseguran mejor bronceado que las extensas y aisladas.



Evitar las camas solares.



Fuente: Sociedad Argentina de Dermatología



Test de adicciónal bronceado

1. Si pudiera, tomaría sol todo el día.



2. Si uso protector no me quemo.



3. Desearía tomar menos sol, pero siempre me quedo más de lo previsto.



4. Me siento molesto/a cuando me cuestionan que tomo mucho sol.



5. Más de una vez me sentí culpable por tomar demasiado sol.



6. Cuando es un lindo día, lo primero que pienso es en tomar sol.



7. La única forma en que puedo mantener el color es tomar más sol.



8. Si no tomo un rato más de sol cada día, voy a perder el color.



9. Cuando voy a la playa, trato de tomar menos sol, pero no puedo.



10. En las vacaciones, busco interesarme por otras actividades que no impliquen tomar sol, pero finalmente termino yendo a la playa.



11. Más de una vez falté al trabajo por una quemadura de sol.



12. Alguna vez mentí o inventé una buena excusa para ir a tomar sol.



13. Es cierto que tomar mucho sol puede causar cáncer.



14. Es cierto que exponerse a las camas solares pueden causar cáncer.



15. Sé que exponerme imprudentemente al sol o a la cama solar puede causar cáncer, pero me gusta el bronceado y no dejaré de hacerlo.



Respuestas:





Afirmativas para las preguntas 7, 8, 11, 13 y 14 indican la necesidad de informarse mejor para aclarar dudas.

.



Afirmativas para las preguntas 1, 2, 3, 6 y 9 indican que seguramente se está tomando sol de una manera imprudente.

.



Afirmativas para las preguntas 4, 5, 10, 12 y 15 indican que la adicción al sol es una peligrosa conducta instalada.

.

Sin palabras

Por Mariana Davidovich (*)



Vivimos una época de endiosamiento del cuerpo sin precedente en la historia la humanidad. A la exigencia de lucir cuerpos delgados, jóvenes y perfectos, se suma la de tener una piel agradable. Ahí surge entonces el valor especial que se le da al bronceado.



Todo se reduce a lo que se ve. Hay una pregnancia de la mirada más que de la palabra. Y en esto se inscribe también la idea de verse radiante, tomando sol. Tengo media hora, salgo de la oficina, me voy a la plaza a comer un sándwich y me expongo al sol… Vuelvo cansado, transpirado, incómodo. Pero no importa. El "sacrificio" valió la pena. Es lo que me permitirá, más tarde, un placer aún mayor, que es el de capturar miradas. Cuando una persona está bronceada conquista de inmediato la mirada de los otros, y eso es lo que se busca hoy, por encima de todas las cosas. Nada importa más que la apariencia, y en eso parece diluirse toda posibilidad de auténtico encuentro.



Lo que también existe detrás de la adicción al bronceado no es simplemente una negación del envejecimiento –hecho que, paradójicamente, el bronceado excesivo aumenta y anticipa–, sino también una negación de la muerte, porque tomar sol indebidamente aumenta el riesgo de cáncer de piel.



Se silencia la realidad de envejecer y la amenaza de una enfermedad en aras de vivir un presente que, más que vivirse, se consume. Algunos ni siquiera saben si les gusta tomar sol. Lo importante es capturar miradas; eso "ahorra" el desafío de comunicarse de verdad. Eso garantiza la obturación del discurso. La a-dicción, finalmente, ¿no es acaso la imposibilidad de las palabras?



* Psicoanalista, docente y supervisora del Equipo de Bordes de Centro Dos



Fototipos

Los dermatólogos aconsejan utilizar factor de protección 15 como mínimo en todos los casos y aumentarlo según la claridad y sensibilidad de la piel.



TIPO I · Nicole Kidman



Piel blanca, cabellos rubios o pelirrojos, ojos azules: nunca se broncean, siempre se queman



TIPO II · Sharon Stone



Piel blanca: se queman fácilmente, se broncean mínimamente



TIPO III · Jennifer Love Hewitt



Caucásico (europeo): quemadura y bronceado moderados



TIPO III · Antonio Banderas



Piel aceitunada: quemadura mínima, bronceado fácil (marrón)



TIPO IV · Whitney Houston



Piel oscura, marrón: muy raramente se quema; bronceado profuso, marrón



TIPO VI · Denzel Washington



Piel negra




Fotos: Martín Lucesole. Foto ilustración: Sebastián Feldman. Producción: Josefina Laurent y Lucía Uriburu.

reposera puede convertirse en una pesadilla

Quienes meditan tienen más materia gris

Sentarse a pensar en nada frente a una vela encendida resulta tedioso, inútil y hasta ridículo para la mayoría de los occidentales. Sin embargo, hoy esta práctica de aspecto tan inocente es reconocida por la medicina convencional como una estrategia terapéutica alternativa para doblegar cuadros tan disímiles e indomables como el estrés y la ansiedad, la hipertensión, la migraña o las complicaciones cardiovasculares.




Unos años atrás, distintos investigadores del campo de la neurología, como el famoso Daniel Goleman, dieron un paso más con el consentimiento del Dalai Lama. Así, distintos monjes budistas entrenados en el arte de la meditación fueron estudiados bajo la lente de los resonadores nucleares de última generación. Las imágenes que evidenciaron diferencias en el funcionamiento cerebral de los meditadores dieron la vuelta al mundo y desde entonces las investigaciones se multiplicaron.



El último capítulo de este escrutinio científico sobre una práctica milenaria lo escribió un equipo del Laboratorio de Neuroimágenes de la Universidad de California, Estados Unidos. Con tecnología de última generación los científicos compararon los cerebros de 44 personas: 22 de ellas sin antecedentes de meditación y 22 con un entrenamiento en esta práctica milenaria que osciló entre los 5 y los 46 años, con un promedio de 24 años practicando alguna de las múltiples formas de meditación.



Esta vez, los científicos se centraron no ya en los efectos de la meditación sobre el funcionamiento cerebral, sino en su influencia sobre la estructura misma del cerebro. Eileen Luders, autora del estudio publicado en la revista Neuroimage , explica sus asombrosos hallazgos: "Los meditadores tienen más materia gris en aquellas zonas del cerebro relacionadas con el control de las emociones".



¿Cómo llegan los meditadores a generar más materia gris? "Al igual que cuando alguien entrena sus músculos, algunas áreas del cerebro deben crecer cuando las usas intensamente", arriesga la investigadora.



La materia gris es el tejido encargado de procesar la información que la materia blanca transmite. Una hipótesis sencilla -que probablemente la ciencia tarde años en confirmar-es que a mayor materia gris, mejor desempeño cerebral. Desde Los Angeles, Luders sostiene: "La mayoría de los meditadores tienen habilidades sobresalientes con respecto a la autorregulación de sus emociones; es para ellos más fácil mantener la estabilidad emocional y tener un comportamiento centrado, tal como elegir con sabiduría sus respuestas o reacciones. Además, los meditadores son reconocidos por su extremadamente positiva mirada sobre la vida; es habitual para ellos ver, en lugar de la parte vacía, la mitad llena del vaso".


http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1278792

La meditación puede cambiar el cerebro

La ciencia comprobó que quien la practica tiene más materia gris
Tesy de Biase

Desde que la meditación ingresó en el diccionario médico de la mano del Dalai Lama, la ciencia ha podido corroborar la eficacia terapéutica de esta práctica, de aspecto tan inocente que en la actualidad se aplica tanto para vencer el odio como para controlar un cuadro de ansiedad o de hipertensión arterial.




El hallazgo más reciente sobre el poder de la meditación proviene del Laboratorio de Neuroimágenes de la Universidad de California, Estados Unidos. Allí, la investigadora Eileen Luders demostró que meditar no sólo produce cambios en el funcionamiento cerebral de los meditadores, sino que también los genera en la estructura misma del cerebro.



"Los meditadores tienen más materia gris en las zonas del cerebro relacionadas con el control de las emociones", comentó a LA NACION la doctora Luders, que inaugura con sus palabras una plataforma común entre ciencia y meditación. Al hacerlo, facilita el salto hacia otro discurso. Por ejemplo, el que presentó en su visita a Buenos Aires el monje tibetano Khenpo Sangpo Bodh.



Con su típico atuendo, este doctor en filosofía llegó a Buenos Aires proveniente del Instituto de Altos Estudios Budistas Khamgar Druk College Dharmakara, ubicado en la comunidad tibetana de Tashi Jong, en el norte de la India, para difundir el poder transformador de la meditación.



Khenpo propone transmutar las emociones destructivas a través de la disciplina y el control de la mente. El resultado prometido: nada menos que la disolución de la violencia y ese efecto dominó que tan bien conocía Mahatma Gandhi, cuando conmovió al poderío colonial británico poniendo una y otra vez la otra mejilla.



¿De dónde proviene el poder para alcanzar semejante transformación? "De la meditación", sintetiza con certeza inconmovible.



"Es una herramienta de autoconocimiento y el antídoto contra todas las emociones destructivas". Y cuando dice todas, el optimista lama piensa en las 84.000 (sí, ochenta y cuatro mil) emociones negativas que según las escrituras budistas se desprenden de las básicas: ira, apego (posesivo), orgullo, envidia e ignorancia (opacidad). Con tantos miles de enemigos, el camino hacia la felicidad parece arduo. Y lo es. No se trata de querer y poder, sin más, admite el maestro: hay que transitar un largo entrenamiento que conduce a la transformación interior.



"Meditar permite liberarnos de las fuerzas negativas que nos hacen sufrir", sostiene. Y ofrece la receta de la transmutación emocional positiva para amateurs : "Hay que empezar por la a. El primer paso es reconocernos a nosotros mismos y observar el contenido de nuestra mente, preguntándonos a qué responden esas emociones negativas". Para ver con claridad Khenpo -como lo llaman sus seguidores- sugiere algo tan sencillo como sentarse y relajarse, lo que parece sencillo, pero no lo es tanto.



"Cuando la gente vive con intenso movimiento, tiene dificultades para encontrar calma, pero la mente es como el agua: si se mueve, no permite ver el reflejo de la luna y las estrellas en su superficie; en cambio, cuando está limpia y calma, en pocos minutos trasluce lo que hay en la profundidad y refleja todo. Cuando una persona está habituada al movimiento excesivo, ni siquiera sabe quién es. Yo les digo que se sienten en silencio y que miren en su mente."



El siguiente movimiento responde a uno de los ciclos de las enseñanzas de Buda: rechazar las emociones negativas como si fueran un alimento envenenado. Sin contemplaciones, la propuesta apela a un acto firme de disciplina y voluntad, que se traduce en tolerancia cero con ese odio o envidia que carcomen la paz interior. El maestro budista lo describe como una purificación de los componentes tóxicos de la mente.



Y el tercer momento es el de la transformación liberadora, una reconexión desde la calma, que tampoco se dirige hacia el exterior pero tiene efecto sobre él. La herramienta principal es la práctica de alguno de los distintos tipos de meditación que, básicamente, combinan relajación mental con ejercicios de respiración. La forma más reconocida es focalizar la mente en un objeto exterior, que pueden ser una luz o una imagen. Aunque el maestro recomienda seis prácticas diarias, reconoce que con una al levantarse, antes del desayuno, también se obtienen resultados pacificadores sobre la mente.



"Cuando cambia la mente cambia todo, no solo porque se ve al mundo de otra manera sino porque el cambio de uno provoca cambios en los demás. Para terminar con el odio y las emociones destructivas no podemos usar el odio y las emociones destructivas. No podemos matar a una persona como medio para lograr que esa persona deje de matar. Por la fuerza no se alcanzan los cambios. Buda nunca usó armas. Tampoco Cristo ni Mahatma Gandhi ni la madre Teresa de Calcuta. La paz y la transformación de las emociones negativas se alcanza por medios pacíficos, como la meditación, que es un instrumento de transformación interior".

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1278870